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domingo, 2 de julio de 2017

Por si el tiempo olvida tu nombre, de Anabella Franco

¡Hola a todos! Ya estoy palpitando las vacaciones. Sólo queda hacer y presentar un trabajo el miércoles, que probablemente empiece mi parte el lunes porque hoy pienso ir al cine (y también les prepararé reseña de eso).


Título: Por si el tiempo olvida tu nombre
Autor: Anabella Franco
Año de Publicación: 2017
Páginas: 320
Editorial: Ediciones B
ISBN: 978-950-15-6198-2
Sinopsis: Buenos Aires, 1952. Enrique corre por las calles del Bajo desierto escapando de quienes lo persiguen por un crimen que no cometió. Mientras tanto, en el Hospital Rivadavia, Emma trata de rehacer su vida con un médico después de que el hombre que amaba la abandonó.
La noche en que Enrique regresa herido para que Emma le salve la vida, el pasado resucita y un oscuro secreto comienza a salir a la luz. Si Enrique no es un monstruo, ¿por qué huyó? ¿Quién es el culpable? ¿Por qué abandonó a Emma sin explicación?
El pasado y el presente se entrelazan en una época convulsionada por la política y la muerte de Eva Perón. En ese contexto, Emma y Enrique se embarcan en una aventura en la que lucharán por la verdad y pondrán a prueba su relación. ¿Cuánto tiempo se necesita para olvidar el nombre del amor?
Anabella Franco nos muestra la intimidad de un amor desesperado en tiempos turbulentos. Emma y Enrique se suman a su galería de personajes inolvidables.
¡Muchas gracias a Ediciones B por el ejemplar!



Opinión personal

Siempre que leo una historia busco relaciones entre cosas. Entre la historia y otras historias, entre los personajes y personas que conozco... Pero, por sobre todo, entre la historia y mi historia. En este caso, no pude evitar relacionar a los protagonistas con mis abuelos maternos: mismo rango etario, en el momento en que pasa esto se estaban por casar... Me resultó muy emotivo, además que me recordó, en cierta forma, muchas de esas historias de abuelos, de amor y de travesuras que nos contaban cuando éramos chicos, en mi caso alrededor de la cama de la quinta. Fue algo hermoso poder recordar tanto y a la vez sumergirme en una historia sumamente realista y muy dulce, como todo lo que Anna nos regala con sus palabras. 
Siendo la sexta vez que hablo de la forma de escribir de Anabella, siento que ya me quedé sin palabras, por lo que probablemente termine repitiendo lo mismo: es dulce, crea historias preciosas que hacen que el lector, o por lo menos yo, leamos ávidos página tras página, ansiosos por ver más o por encontrarse con ese beso entre los protagonistas que tanto se hace desear, escucharlos decirse lo que sienten y demás. Sus descripciones me transportaron por completo, haciéndome sentir testigo de todo lo que sucedía, tanto en el presente como en el pasado, transmitiéndome a la perfección como cada personaje sentía frente a lo que le sucedía, y como la nostalgia los gobernaba en los recuerdos. Lo sentí como una novela muy sentida, no solo por lo que provocó en mí, sino también por parte de la autora. 
De todos los libros que leí de Ana, este es sin duda mi preferido. Quizás en otro momento lea otro libro de ella y cambie de parecer, pero, en este mismo momento, este es mi libro preferido. Tiene una historia tan preciosa, con dos personas que, aunque jóvenes, no puedo evitar vislumbrarlas como los abuelitos que serán hoy en día, permaneciendo juntos y contándole a sus nietos acerca de esa vez que se vieron envueltos en una trama policial llena de riesgos pero con la seguridad y firmeza del amor que se tenían entre sí. Eso fue algo que también me sorprendió: me esperaba una novela romántica, pero me encontré mucho más, una aventura policial en las calles de Buenos Aires de 1952, una de las épocas del país que más me fascina y en la que sin duda me hubiera gustado vivir. Si bien hubo un par de cosillas que no me convencían, pero, como digo siempre, es porque soy una estudiante de medicina y siempre veo las cosas de un modo distinto (en este caso, porque cuando lo leí vi uno de los temas que mencionaba dos días antes); así que ustedes pueden no hacerme mucho caso y leerlo tranquilo, que es altamente probable no encuentren nada raro (o al menos, no a lo que yo me refiero).
Pasando a los maravillosos personajes que tenemos la suerte de conocer en esta novela, comenzaré por Enrique... En mi imaginación es como un Steve McQueen, en su época buena moza, y creo que es la mejor definición que puedo dar, teniendo en cuenta que este actor ha protagonizado muchas películas donde huye de la justicia por sus actos delictivos. Siento como que ambos irradian el mismo espíritu: una cierta rebeldía con respecto a lo establecido por la sociedad, pero en el fondo con un corazón tierno que sabe entregarse al amor (quedó un toque cursi, pero estamos hablando de galanes...). En cuanto a Emma, nuestra protagonista, me la imagino como Hayley Atwell caracterizada como Peggy Carter, principalmente por el toque de época de esa caracterización. Emma es muy dedicada a sus pacientes, una enfermera de esas que mucho no se ven en la actualidad, siempre amable y con una sonrisa para regalar. Me gusta su forma de desafiar a la época, quizás la época más importante del feminismo en Argentina, no sólo por su reciente surgimiento, sino que gracias a figuras como Eva Perón se lograron más derechos para las mujeres, en especial el derecho al voto. No puedo dejar de mencionar a David y a Camila, quienes también trabajan en el hospital con Emma, uno como doctor y la otra como enfermera, quienes me resultaron dos personajes sumamente interesantes, y que sus historias me gustaron, en especial como terminaron; además de que quieren tanto a Emma que se me hace imposible no apreciarlos también. 
El final fue... me fascinó. Fue perfecto, y hubo cosas que no me pude imaginar y me sorprendieron muchísimo, y no puedo dejar de amar los finales que me sorprenden y son tan poco previsibles como este. Ansío que eso pase en cada libro, y los disfruto mucho, más cuando son finales felices. Así está la cosa: tienen que leerlo, y disfrutar a Anabella Franco en un libro maravilloso. Háganme caso, no se van a arrepentir.

Frases preferidas

  • Era innato añorar que el tiempo retrocediera, sin embargo, seguía corriendo. 
  • Ella esperaba, ella imaginaba, ella sentía.
  • Podemos soñar lo que queramos. Después de todo, solo existe una cosa que nadie podrá arrebatarnos jamás: nuestros sueños.

Recomendado 

Si te gustó Ese ancho río entre nosotros.

1 comentario:

  1. ¡Hola Lu!
    Yo también busco relaciones/similitudes entre las historias y la realidad...
    No leí nada de esta autora pero hablaste tan bien de ella que me dieron ganas de conocer su pluma. La historia parece muy linda así que la tendré en cuenta. Gracias por la reseña :)
    Nos leemos

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