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lunes, 13 de abril de 2015

Eduardo Galeano [1940-2015]

Todas las muertes duelen, en mayor o menor medida, por el simple hecho que somos humanos y que nos construimos por el dolor. A todos nos toca en algún momento, tarde o temprano, perder a quienes queremos y morir nosotros mismos. Es la principal regla del juego que se llama vida. 
Hoy le tocó a un excelente autor, un autor que me inspiró en mi juventud y que me gusta pensar que formó gran parte de mi pensamiento crítico. Que me ayudó a ser quien soy hoy con sus palabras, que significan algo diferente para cada persona que pudo disfrutar de ellas. Hoy le tocó a esa persona que luchó por sus ideas, que las protegió de aquellos bárbaros que intentaban silenciarlas, ya que, después de todo, las ideas no se matan. Hoy se fue de entre los vivos Eduardo Galeano.
Este es un pequeño y absolutamente humilde homenaje a una persona que realmente me inspiró muchísimo. Una persona con la que uno hubiera soñado poder tomar un café y hablar de la vida, y escuchar tantas historias de su voz, esos pequeños fragmentos que poblaban las páginas de sus libros. Lo recordaré como lo conocí: con sus textos, con la trova que tanto lo caracterizó, y que lo sobrevive, a la espera de que alguien se vuelva a encontrar con esas palabras que parecen susurradas por el viento.


La pequeña muerte


No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

El sistema/1


Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Lo medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas.

Ventana sobre la utopía


Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

Los Nadies


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobre, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadie la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: Los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies; los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, re jodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesania.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen caras, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Fundación de la escritura


Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas.
Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla.
El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros. Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.
En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo gente de carne y hueso. También mucha memoria fue asesinada.
Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos.
Una de las tablillas decía:
Somos polvo y nada.
Todo cuanto hacemos no es más que viento.

El mar


Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!

Ventana sobre la palabra (VI)


La A tiene las piernas abiertas.
La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno.
La O, círculo cerrado, te asfixia.
La R está notoriamente embarazada.
Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas, comprueba Romy Díaz-Perera.
Cuando las palabras salen de la boca, ella las ve dibujadas en el aire.

Ventana sobre la nuca


Las cosas son dueñas de los dueños de las cosas y yo no encuentro mi cara en el espejo. Hablo lo que no digo. Estoy, pero no soy. Y subo a un tren que me lleva adonde no voy, en un país exiliado de mí.

4 comentarios:

  1. No soy muy fan del estilo de Galeano, pero es indudable lo que aportó a la literatura. Que descanse en paz.

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  2. Al fin veo que alguien del mundo blogger le dedica unas líneas a Galeano! Como dijo una amiga hoy, ahora las palabras estarán un poco más huérfanas. Y cuánta razón tiene. No habrá nadie más con ese estilo encantador para transmitir cosas, ni esa sensibilidad. Por suerte nos queda ese sentir plasmado en papel.

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    1. Quizás pronto llegará otro trovador al mundo capaz de escuchar todas esas historias dejadas de lado habitualmente...

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